Cuando empecé a estudiar inglés y alemán me hacía mucha gracia que esta gente estuviese continuamente dando las gracias a todo el mundo, y con una sonrisa en los labios. "Parecen idiotas", pensaba. Pero con los años he tenido la oportunidad de comprobar que todo va mejor si hacemos ese esfuerzo.
Desgraciadamente nuestras prisas, nuestros agobios, nuestros pagos o nuestros problemas nos hacen descuidar algunos de los aspectos más importantes de nuestras vidas, tanto en las relaciones con nuestras parejas, como con nuestros familiares y conocidos.
Conseguimos un trabajillo y lo siguiente, aunque el orden de los elementos no altera el producto, y, en este caso, aunque nos saltemos alguno tampoco, es casarse, hipotecarse, comprarse el coche, irse de vacaciones, darse algún capricho y tener un niño. ¡Qué bonito! Hasta que se acaba el permiso de maternidad y el de lactancia, eso si tienes la suerte de conseguirlo, claro.
El nene ya tiene seis meses, no te lo cogen en la guardería pero tienes que volver a trabajar. Y ahí está la mama, la hermana, la suegra, la cuñada, para repartirse la faena, para que tú sigas trabajando, para que puedas seguir pagando.
Y el nene crece y ya va a la guardería, pero con un horario que ni puedes dejarlo por las mañanas, ni recogerlo, y encima no le dan de comer. Pues nada, ahí siguen estando la mama, la hermana, la suegra, la cuñada, la vecina o la amiga para echarte una mano, para que tú sigas trabajando, para que puedas seguir pagando. Y el nene sigue creciendo, y llega la hora de ir al cole. Pero el problema sigue siendo el mismo.
Así que, mientras nuestros políticos se deciden a ver la realidad y a estudiar los problemas que tenemos realmente en el pueblo y a ponerles solución, GRACIAS a todas nuestras madres, hermanas, cuñadas, amigas, vecinas que nos hacen el favor, aunque no tengamos tiempo o se nos olvide decirlo a la cara.
Gracias, porque no es obligación vuestra. Gracias, porque nos ahorramos un dinero que no podemos gastarnos en eso. Gracias, porque si no fuera por vosotras no podíamos trabajar. Gracias, porque nos olvidamos de que os hacéis mayores y nuestros hijos cada vez os agotan más. Gracias, porque a ellos les compramos todos sus caprichos, pero nos olvidamos de compraros un detalle sin venir a cuento y daros una alegría. Gracias, porque se nos olvida que los niños los hemos tenido nosotras, por voluntad propia en la mayoría de los casos, y sois vosotras las que os encargáis de ellos, por imposición, en la mayoría de los mismos. Muchas, muchísimas gracias a todas.
Y esto, con una gran, gran sonrisa en los labios.
Carmen Mª Soria Vicente |